jueves, 4 de diciembre de 2008

La cita



Café en mano miraba por la ventana, mi aliento al contacto con cristal formaba una mancha de vaho que insinuaba que la mejor opción era quedarse en casa, el informe meteorológico así lo confirmaba: un hombrecillo bajito y trajeado recomendaba en la televisión tener precaución en las carreteras. La nieve estaba cubriendo de bonitas estampas todo el país y, a mi, sólo me apetecía acurrucarme entre las mantas y dejar que terminara el día.

En estas cavilaciones estaba cuando me sobresaltó el teléfono:

‒¿Síii?

‒¿Elvira? Soy Carla, te llamo desde Londres, esto es un aburrimiento...

‒¡Nena! Me alegra mucho oírte, ¿cómo que aburrido!, no seas exagerada....

‒Cómo lo oyes tía, llevamos toda la semana casi sin salir del hotel, hace un tiempo espantoso...

‒Mmmmh, aquí tampoco se está mucho mejor, dan nieve en casi todas partes...

‒Ten-go que con-tar-te aaaaaalgoo...

‒¿Que has hecho, bruja?

‒Bueeeno, digamos que ha sucedido algo que te alegrará el día

‒No seas... ¡Dime! ¡Quéee?

‒¿Qué día es hoy?

‒Jueves

‒¿Qué más?

‒Es 4 de diciembre, ¿y?

‒¿Y...? Venga, no es tan difícil de adivinar, piensa.

‒Jueves, 4 de diciembre de... Oh, no me lo puedo creer

‒...

‒...

‒¿Viri? Tía, ¿estás bien? ¡dime algo!

‒Ya...ya es, el día.

‒¡Exacto! Acaba de coger un avión para ahí...

No te creo... ¿va a venir?

Sí. Oye, escucha, tengo que bajar a recepción para recibir a los de la junta. Te llamo en un par de horas.

Eh... vale, hablamos luego. No me lo puedo creer... ¿Estas segura?

Va para ahí, no te pongas histérica, por favor... Un besito Viri.

Un besito Carla.


Cuando colgué sólo era capaz de oir mi corazón palpitando acelerado en el pecho, o en mis oidos, no estaba segura. Me quedé de pie en el recibidor un rato, no sabría decir cuanto. Mirando a la nada, sin poder pensar, sin saber qué hacer... No quería imaginar nada, no quería soñar despierta. Pero venía hacia aquí... ¡Y yo con estos pelos!

Lo que siguió fueron una serie de innumerables rituales estéticos que culminaron frente al armario. Una vez que hubo más ropa sobre la cama que dentro de él sentencié “¡No tengo nada que ponerme!” y con las mismas, me puse lo primero que cogí de la montaña de ropa y me fui de compras.

Estaba probándome una falda marrón cuando sonó el móvil. Era un número que no conocía.

¿Síii?

¿La señorita Elvira?

Soy Francisco Gutierrez, el albacéa testamentario de su tía abuela Regina.

¿Cómo? Disculpe... no entiendo. Mi tía murió hace muchos años.

Efectivamente. Diez años para ser más precisos. Necesito concertar una cita con usted. ¿Sería posible que nos encontrásemos hoy?

Eh...claro, digo ¡No!, bueno... no estoy segura

Mire señorita, es importante que pueda verla hoy, no nos llevará mucho tiempo. Sólo tiene que firmar unos documentos y le haré entrega del legado de su tía. Soy consciente de que debería haberla avisado con antelación, pero la señora Regina especificó en su testamento que sería hoy y sólo hoy el día en que debía suceder todo.

Discúlpeme pero... esto me suena muy raro, yo no sé si podré verle hoy. Tengo... quizá... el caso es que no sé si estaré disponible.

Hagamos una cosa, dígame dónde está usted ahora y yo voy para ahí.

Eh... bueno, el caso es que, estoy de... estoy haciendo unos trámites... Quizá, mire, le daré mi dirección. Puede encontrarme allí en un par de horas ¿de acuerdo?

Por supuesto.


No había más días en el año, tenia que pasarme todo hoy. No entendía muy bien lo de mi tía, pero tampoco me extrañaba, era una mujer muy excéntrica. Recuerdo que cuando era pequeña me echaba las cartas y decía que yo tenía algo especial. Media familia la tomaba por loca y la otra media le tenía miedo, a mi me parecía una mujer extraordinaria.

Cuando llegué a casa me apresuré a adecentar mi habitación y preparé café. El señor Francisco llegó puntual.

La conversación fue brevísima, prácticamente se limitó a que firmara una especie de acuse de recibo, me entregó un sobre y se marchó.

Puse el sobre sobre la mesa de la cocina y me senté. Estuve mirándolo un rato, preguntándome qué habría dentro. Al fin me decidí a abrirlo.

Querida Elvira, mi niña. Fuiste la única que no me tenía por loca, quizá ahora te lo estés replanteando pero confía en mí. Sé que todo te está yendo bien, lo leí en las cartas, cada una de las veces, sé que confiabas en lo que te decía, no fallé ni una vez, lo sabes. Confía ahora también en mí. No vayas a la cita. Por favor, no acudas.

Te quiere, tu tía Regina.


Aquella tarde salí con mi traje nuevo hacia el centro de Madrid. Desde luego no iba a impedírmelo una carta venida casi desde ultratumba. Menos aun hoy. Hoy era el día en que mi vida podría cambiar.

Hacía casi 13 años conocí a un estudiante de periodismo del que me enamoré al primer sarcasmo. Me lo había presentado Carla, era su compañero de proyecto y un mes después estábamos saliendo. Pasamos juntos dos años maravillosos hasta que llegó el momento de separarnos. Fue un 4 de diciembre. El se iba a Londres y yo me quedaba en Madrid, ninguno estaba dispuesto a mantener una relación a distancia, pero teníamos la certeza de que estábamos hechos el uno para el otro, así que hicimos un estúpido pacto: Si en 10 años todavía nos amábamos, nos reuniríamos en la puerta del Sol para decidir quién se mudaba. Yo casi lo tenía olvidado. Los primeros años sí que mantenía la ilusión, pero a medida que pasó el tiempo se convirtió en algo que recordar con ternura y nada más. Hasta que no me avisó Carla y noté cómo se me aceleraba el corazón, no fui consciente de lo muy arraigado en mis entrañas que tenia aquel sentimiento.

Así que allí estaba, caminando por Calle Mayor, esquivando a la gente y con los nervios a flor de piel.

Había un gran corro en medio de la acera disfrutando de la estática originalidad de un mimo, por supuesto yo no tenía tiempo que perder, los rodee presurosa y casi dando codazos, incluso una mujer me increpó de forma alarmante.

Tenía la nota de mi tía apretada dentro del bolsillo del abrigo, resbaló de mi mano cuando levantaron mi cuerpo del asfalto.

4 comentarios:

.*DECORACTUAL* dijo...

Hola!!!! Lo escribiste vos, o es de otra fuente???
Es una historia que te atrae, a medida que la lees, y que final!!!
Ella murió???
Muy lindo.
Saludos.
Andrea.-
decoractual.blogspot.com

Lamas dijo...

Hola Andrea!! Gracias por visitarme!! Efectivamente lo he escrito yo. Creo que escepto las canciones y algúna otra cosilla todo lo escribo yo.
Un saludo!!

kiram dijo...

Lamas, te saliste, así de claro.

Aún tengo en mi memoria aquel relato de los vecinos... Pero éste... puf. Qué trágico...

.*DECORACTUAL* dijo...

Ah!! Te quería preguntar, si no te molesta que ponga tu blog, entre los blog que sigo??? cualquier cosa avisame.
Saluditos!!!
Andrea.-
decoractual.blogspot.com