
Falta menos de un mes para la llegada de la Navidad. Me da la sensación de que este año no están tan pesados con el bombardeo publicitario, quizá sea porque no estoy viendo mucho la tele. También tengo la sensación de que hay menos ambiente navideño por las calles, será que ya no vivo a cinco minutos de Plaza Mayor ‒todavía no entiendo por qué a los Madrileños les da por comprarse pelucas de 20€ y pasearse con ellas en estas fechas‒ no veo lucecitas y escaparates decorados, será que en una urbanización en el culo del mundo eso no se estila. El caso es que todavía no siento ese regusto a fiesta familiar.
Diréis que soy una hipócrita, porque a falta de un mes ya estoy pensando el ello, pero es que en Mayo ya imagino las vacaciones de verano, así que no hay nada que reprochar.
Una cosa que no puede faltar en Navidad, además de los turrones, el cava, las reuniones familiares y los programas tipo “Noche de fiesta”, es la lotería. Yo ya tengo mi número. Es cierto que otros años compro más de uno ( y rifas y particiones del bar de abajo....) pero este año sólo compré un número.
Además es un número precioso, tiene un 7 y un 4 y la suma de todos es 20. Es tan bonito que seguro que me toca. ¿A que todos pensamos lo mismo? Este año igual toca. El caso es que cada año nos gastamos un montón de dinero en ilusión. El caso es que el año próximo seríamos más ricos si no fuéramos unos ilusos y ahorrásemos ese dinero “invertido”, junto con el del tabaco que prometeremos dejar en Año Nuevo, el de la revista/periódico que compramos durante la semana, el de las copas de más, el de “necesito un capricho”, el de “me voy a apuntar al gimnasio”, el de “hoy no me apetece cocinar”, el de “tengo que renovar mi armario que parece que aún vivo en los '90”... El caso, es que sentimos la necesidad de comprar ILUSIÓN.
Sí, porque ya no somos niños, ya no nos ilusiona casi nada que no esté relacionado con un valor material, un ascenso, unos zapatos, un viaje... quizá el amor sea una excepción. Pero, como la lotería, casi nunca toca, quizá una pedrea, un reintegro, una aproximación. Pero el premio gordo... ese, parece que sólo les toca a unos pocos. Y aún así, es una ilusión tan fugaz...
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
¡Pues a soñar se ha dicho! ¡Mucha suerte a todos con vuestros números de la suerte! Que aunque la ilusión a veces haya que comprarla, la esperanza nunca se pierde.