lunes, 6 de mayo de 2013

Tu i jo volavem, pasiño a pasiño.




No es lo mismo amar que querer.

No es lo mismo tener algo que saber que lo tienes, aunque no esté.

No es lo mismo, por mucho que se empeñen los anglosajones, el estar y el ser.

Porque no es lo mismo estar guapo que serlo.

No es lo mismo estar atento que serlo.

No es lo mismo estar feliz que serlo.

Y precisamente ahí, en la felicidad, de la que se ha dicho que no es meta sino camino, es donde más soy, aunque no esté siempre.

Ser feliz es cuando, a pesar de las dificultades, las trabas, las ausencias, las carencias y los impedimentos, basta con un recuerdo, un pensamiento o un deseo para sonreír y saber que eres feliz.


domingo, 7 de abril de 2013

Semana Santa'13: Agua para todos

Foto de J.Lamas: Garelo da Fervencia (marzo'13, Canteixeira)

Viernes antes: En un visto y no visto, dormida como un Lechoncito, pasé del sol a ratos a la lluvia finita y constante de toda la vida, así se hace más fácil saber que está uno en casa.

Sábado antes: Abrir la ventana y que huela a carbón, subir a por olivo y que huela a laurel, ver crecer el río y las cañaveiras, cenar hasta no poder más y probar las primeras limonadas en la mejor compañía.

Domingo de Ramos: No podía faltar la misa eterna con su recaudación para la calefacción de cada año. Como novedad subimos a ver como las aguas dieron un zarpazo a la "Caborca da Osa" y transformaron al Garelo en las Cataratas da Fervencia.

Lunes santo: Chapotear cual niñas, disfrazarnos, dormir la siesta, contar cuentos, pintarnos los labios de rojo chupachups... qué importan 23 años de diferencia cuando somos "Reinas del otro Lao"

Martes santo: Con la llovizna incesante tocó ejercer de ama de casa, repostera y ahijada sobre ruedas. Cada día se confirma que mis manías colocando la compra son heredadas y hay que celebrarlo como si España le hubiera ganado a Francia.

Miércoles santo: No hay nada mejor para sentirse... adulta... que hacer de niñera y acudir al teatro a ver a prepúberes danzando, vigilados por caras conocidas con alguna cana de más. Faltaron una ceja levantada y se cayó una lágrima por un chirimbolo de bádminton que levantó el vuelo para siempre, para bailar sevillanas y hacernos correr y cuidarnos arriba como nos cuidaba abajo.

Jueves santo: Los limpiaparabrisas asombrados, un nudo en el estómago, unos enamorados en el parque, café con mamá, cincuenta álbumes de fotos y una habitación con vista al río Burbia. Grifos, botelo, androlla, chorizos, cachelos, tiramisú, limonadas, buscar piedras, una siesta, más limonadas, encuentros, reencuentros, unas limonadas más, mucho trabajo, surrealismos que no podían faltar y a pelear con un amanecer tormentoso para acabar acurrucada al fin.

Viernes santo: Amaneció a medio día, me comí sola el pulpo y el marrón, pero mereció la pena. Lavamos las camisas a mano porque las mojamos de nomeacuerdos. La noche se llenó de mininazarenas, encuentros eclesiásticos con música de fondo, mucho sueño y papitos zen rockeros entre chupitos de chocolate y típicas fotos de viernes.

Sábado santo: Firmar la paz con cordero y torrijas. Visitar las goteras de San Francisco y hacer una buena ronda pasada por agua, con buena música, historias de osos, regalitos y final apoteósico cutre ochentero en un escenario de película que, de no haber existido hace muchos años atrás, puede que ni yo hubiese nacido.

Domingo de resurrección: El sol da una tregua para ver la única procesión, debatir sobre cómo educar a los niños en la misma mesa donde nos comimos la croqueta aquella del verano, ver búfalos, avutardas, cernícalos y buitres negros, comernos un panecillo, decir adiós y regresar a casa triste bajo un cielo amenazante de diluvio. Y llovió... y ya no paró.

Lunes de Pascua: Un día gris, esperando a que se acabase, llenando maletas de recuerdos surrealistas como cada año, se hace corto, se hace doloroso, se hace indispensable. Y la presa arrastra un tronco que se detiene en el banzao, revientan las fuentes y se inundan los campos de Castilla cuando nos ven marchar.

Chapotear en los charcos


Y aquellas palabras acostumbradas a quemar, de pronto, se derriten entre los dedos templados del tiempo _¡Manos arriba! Asalto a las seis..._ se escurren por las muñecas de cuero, resbalan como el último trago de la enésima copa y acaban en un charco salado en el suelo.

Ni piedras, ni cuestas, ni escaleras, ni relojes, ni llaves...

Las quemaduras del hielo son difíciles de curar, pero finalmente lo hacen. Marchando sola, soportando la tormenta y volviéndose a marchar... allí donde mejor se está: hecha un ovillo de lágrimas de miedo y felicidad.

jueves, 7 de marzo de 2013

Volver....

Olivia Ruiz ha vuelto con un nuevo disco "Le calme et la tempête" (La calma y la tempestad), lanzado el 27 de enero de este 2013.
Son 15 canciones mayoritariamente en francés, aunque se le escapa el español en "Volver" y "La llorona", canción en la que colaboran Didier y Anthony Blanc, su padre y hermano respectivamente.
También se cuela el inglés en "Ironic Rainbow" y "Crazy Christmas".
El primer single es "My Lomo and me" que no, no es en inglés, pero yo he preferido traduciros... VOLVER



LETRA:

Cette nuit je sors pour te sourire
cette nuit j'ai empaqueté ma joie pour te l'offrir
J'arrache le ciel pour que tu me vois
Je grimpe sur une échelle
Allez! Attrape donc mes doigts.

Je sais que tu es coincé là
Je me blottie dans les nuages
Comme si j'étais dans tes bras

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

J'avance pour que tu sois fier de moi
J'avance je n'ai plus peur quand tu n'es pas là
Je rêves que tu sais comme je me bats
Je rêve que tu es heureux quand tu penses à moi
Je sens que tu me suis pas à pas
Je sens que tu m'entends que tu me vois

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

Cette nuit je souris pour toi et les anges
Cette nuit la lune brille, comme c'est étrange



Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo


TRADUCCIÓN  (de andar por casa):

Esta noche salgo para sonreírte
Esta noche he empaquetado mi alegría para ofrecértela
Rompo el cielo para que me veas
Me subo en una escalera
Vamos! Píllame pues por los dedos

Sé que estás atrapado allí
Me acurruqué en las nubes
Como si estuviera en tus brazos

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

Avanzo para que estés orgulloso de mí
Avanzo, ya no tengo miedo cuando no estás ahí
Sueño que sabes cómo lucho
Sueño que eres feliz cuando piensa en mí
Siento que me sigues paso a paso
Siento que me entiendes, que me ves

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

Esta noche sonrío para ti y los ángeles
Esta noche la luna brilla, qué curioso

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo


viernes, 11 de enero de 2013

De Musas y Cenas



Estoy tremendamente molesta con mi musa.

He estado releyendo papeles antiguos y relatos que nunca llegué a publicar y son una gozada. Llenos de locura, amargura, desesperación y pena. Eran, de esos que me salen con “una prosa poética que mola un montón” —como diría Kiram. Y son relatos sin metáforas, de los que se entienden bien, de los que me salían como churros. Vamos, que a mi me gustan.

Pero claro, la dichosa musa, cuando una está pletórica, tranquila, esperanzada y feliz, se toma vacaciones y me deja sola frente a una hoja en blanco.

Así que he decidido coger uno de esos relatos y enseñároslo, porque aunque el orden de los acontecimientos cambiase, fuesen vieiras en vez de lubina, no hubiese corbatas ni velas o, en vez de cristales rotos hubiese peleas con descorchadores y lo más importante, fuéramos cuatro, al final las cosas que desde la tristeza imaginas que te harían feliz, a veces se cumplen y aunque no me salga igual de bonito contarlas, la sensación de vivirlas es mucho mejor.





Cena para nadie 


Hay una casa perdida, rodeada de viento y hojas que aún se soportan a duras penas en las ramas, pájaros grises que se encaraman a las ya desnudas, silencio roto por la lluvia suave que esponja la hierba y un fuego crepitando.

Con los ojos cerrados se oye un latido encerrado en una cajita, bajo siete llaves y en la cocina el horno empieza a calentarse. El cuchillo más afilado hace que las lágrimas de cebolla se escurran hasta la tabla... y el corcho de una botella de vino estalla irremediablemente de euforia, tiembla la bandeja mientras se adentra en el horno y ya solo queda esperar....

El minutero acompaña el ritmo del perfume en las muñecas, se tensa con el nylon de las medias y se acompasa con los paseos ansiosos en tacones. Las copas, los cubiertos...

Suena el reloj del horno, la botella de vino rueda por el suelo y se detiene en los tacones que yacen junto a las medias y el vestido, la bandeja ya se había deslizado entre sus manos y los cristales rotos salpicaban la habitación.

La ducha helada no era capaz de calmar tanta locura, lo había visto allí, con ella, en la cocina, salpimentando la lubina, colocando las servilletas, apretándose la corbata, riéndose con una copa de vino en la mano, encendiendo una vela.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Señores de andar por casa: (IV) Una tarde de fútbol




Anselmo apenas necesitó un poco de apoyo por parte de Salvador para decidirse a contratar TV por cable, un pack deportivo concretamente, con el que aseguraba varias ligas de distintos continentes y muchas otras competiciones de su agrado. Básicamente fútbol, mucho fútbol y un poco más de fútbol. La escena transcurría tal que así:

— ¡Salvador! —Gritaba Anselmo—. ¡Va a empezar!

—Sí, sí, ya bajo —decía Salvador con la cabeza dentro de la nevera—. Voy a coger un vinito, ¿llevo algo más?

—He hecho tortilla de patata.

—Estupendo. Pues voy a hacer una ensalada también.

Se sentaban en el sofá, cada uno con su bandeja en el regazo y comenzaba un murmullo futbolístico ininteligible hasta que finalizaba el partido, se daban las buenas noches y cada uno volvía a sus quehaceres.

Un día de derbi la cosa se animó bastante. Salvador fue a buscar a su hijo Federico, yo me uní a ellos y también Marla, la hija de Anselmo y su novio Marcos; así que la tortilla de patata se duplicó, la ensalada también, hicimos palomitas, patatas fritas, hojaldres salados calientes, aceitunas, vino, cerveza, refrescos y nos sentamos todos “en familia” a ver cómo ciento y pico millones de euros en pantalón corto, jugaban a quitarse una pelotita (qué visión tan femenina, eh). Y ahí salieron las personalidades de cada uno casi sin darnos cuenta.

Marla, que estaba con cara larga desde el principio, a los 15 minutos se sirvió un poco de todo y dijo:

—Paso. Me voy a la cocina —Marcos la miró con cara de corderito degollado—. Tú haz lo que quieras.

Marcos se quedó en el sofá, comió una patata y empezó a mover el pie a gran velocidad. Tardó diez minutos en levantarse e ir a la cocina a la voz de “¿Estás enfadada, cariño?”. No se les volvió a ver el resto de la velada.

Anselmo es un jugador frustrado, tras su lesión de juventud quedó apartado del terreno de juego, así que hacía de comentarista resabiado y nunca le gustaba cómo jugaban los contrincantes: que si suben, que si bajan, que si no se abren, que si no se cierran, las bandas, el medio campo, que si tanto toque le aburre y su frase estrella:

—Yo no digo que lo dejen impedido, como me pasó a mí, pero un valiente que le haga una falta buena que lo deje seis mesecitos en su casa, al enano cabrón este, pelotudo ¡pero arréenle de una vez!

Salvador en cambio era un autocrítico de su equipo: Este jugador está poco motivado esta temporada, este otro no está certero, este no está a lo que tiene que estar, este arrastra una lesión, este está quemado, a este no lo valoran lo suficiente, a este lo valoran demasiado. Y su frase estrella:

—Voy a tener que volver al cuarto de baño para que marquemos otro gol ¡parece que están esperando a que yo me levante!

Federico, el hijo de Salvador, era bastante reservado. No despegó los ojos del televisor y se limitaba a emitir gruñidos (quizá porque siempre tenía la boca llena), quejidos y demás onomatopeyas: ¡Uy!, sísisisisiss, nononono, aaarrrrggg, brrrrr, pfffff, eeeeeh, ooooooh, vamos, ahí, goooool.

Yo, por mi parte, me dediqué todo el partido a tomar prestadas frases de mis compañeros de sofá y transcribirlas como propias en un debate whatsappero con el corresponsal del equipo contrario, que estaba en el campo. Al final ganamos los dos las apuestas: hubo empate.

….Y a la mañana siguiente le tocó fregar a Marla.


martes, 13 de noviembre de 2012

Uno... dos... tres!


“Está bien, me has convencido […] Vamos a temblar.” (N.R.) 


Para rodar una escena perfecta de película, primero se elige el escenario:

—Qué te parece una estación en hora punta, gente con prisas, maletines, ¡din, don, dan!

— ¿Segura? ¿Y un viaje en coche? ventanillas bajadas, música a todo trapo…

—No sé. Igual algo más tranqui, como un banco apartado en un parquecito solitario con fuentes llenas de peces, árboles y pájaros. Al atardecer…

—Si va a ser en ese plan, mejor una mañana en medio del bosque, con todo verde y ardillas. Sentados, yo qué sé, en un alcornoque.

— ¡Oooh, oooo…! ¡Unas grutas escavadas en la roca! O un precipicio. No, un puerto pequeñito.

—Qué cansina con el mar (el mar, el mar), si tú eres de interior. ¿Y en un restaurante?

—Ay, no sé. ¿Con chimenea?

—Qué cursi la chimenea… ¿Una cocina no te vale? Encendemos un fogón… ¡jajaja!

—Vale. Una cocina

— ¿Sí?

—Sí

Luego hay que ponerle banda sonora:

— ¡Una canción de Édith Piaf!

— ¡Qué dices! No, no, no. Sonido ambiental de ciudad. Los niños en el patio del colegio, los coches, los pájaros, un claxon, una cafetera...

— ¿Niños y cláxones? Claaaaro… No. Si va a ser ambiental, entonces que suene oleaje y gaviotas.

—Ya estamos… Y unos violines también, ¿no? Va, que sea una canción. Pero en francés no

—Ni de Metallica

—Si total no nos funcionan los CD’s, no sé que música vamos a encontrar…

—Pues la cantamos, no hay problema

— ¿Carmiña Vacaloura?

— ¡Jajaja! ¡Si no te la sabes! Carmiña para un thriller psicológico

—Pfffff. Si es que todo es tan jodidamente relativo….

— ¡Esa!

Y por fin decidir qué harán los personajes.

—Pero, un momento hombre, ¿quiénes van a ser los personajes?

—Yo daba por hecho que nosotros

—Tío, eso es tan poco original…

—No me llames tío… En una cocina ¿a quién quieres meter si no?

—Me refiero a que puede ser más metafórico, en plan una conversación entre un tomate y una botella de aceite.

—Sí… Un coloquio entre negrillas, camagrocs y níscalos… jajaja

—Oye, pues es una idea. Pero aunque sea una cocina, no tienen por qué ser alimentos

— ¿Y estás segura de que te convence lo de la cocina?

—Sí, sí, sí

— ¿Y porqué no tú y yo? y te dejas de metáforas…

—Vaaaaale

Ahora sí, hay que decidir qué harán nuestros dos personajes, en una cocina, mientras cantan “Todo es tan jodidamente relativo”

— ¿Haces la cuenta atrás?

—Sí. A la de tres: Uno, dooo

—Espera, espera. ¿Uno, dos y a la de tres? o ¿uno, dos, tres, ya?

—Uno, dos y a la de tres

—Vale

—Uno, dooo

—Espera, espera ¿ésta ya es la definitiva, o es la de prueba?

—La definitiva

—Vale

—Uno, dos….

Y dijeron a la vez:

— ¡BAILAR!