lunes, 17 de agosto de 2026

Un mundo


Hay un rincón que podrías sostener entre tus manos y contiene un mundo entero.

Desamparado. A merced de cualquier sombra de animal o de un sol que decidiera secarlo todo. Y sin embargo, completo. 

Un mundo que no necesita más territorio.

Hay musgo hinchado de agua, suave y geométricamente salvaje, tan cerca de la tierra y al mismo tiempo, flotando sobre ella. 

Hay agua con gusto a sangre, fría, metálica, que deja huella en la memoria.

Gotas que tiemblan y no caen. 

Hay arándanos pequeños e intensos, que se hacen de rogar. 

Hojas diminutas de un verde hipnótico, uces púrpuras, hierbas como agujas tratando de alcanzar el sol.

En el medio, la paciencia brillante de unos tentáculos que esperan sin perseguir, bruscos y apeteciblemente dulces.

Y rendida en el centro inflamado, rojo y húmedo, una mosca que ya no lucha, que se deja consumir en una especie de felicidad quieta, que ha entendido que dejarse atrapar también es una forma de llegar.

Diluyéndose mansamente en aquella baba embriagadora.

Todo ese mundo mínimo, latente y cambiante, existe en una intimidad secreta, apenas perturbada por el breve aleteo de un mosquitero que observa concupiscente la escena, mientras desciende para beber.

Y se va.