Esto es lo que pasa por mi cabeza cuando, al regresar del país de las maravillas, paso a través del espejo...
viernes, 18 de marzo de 2011
De mimosas, cucos y juegos
El olor a mimosa, empalaga y nubla mi memoria de aquellos años tranquilos de escuela y bocadillo de salchichón, de escribir la fecha en una esquina del encerado... Me devuelve el timbre de la campanilla que Doña Esther heredó de Doña Charo y nos abría las puertas de la imaginación en el monte del patio de recreo, allí construí mis primeras casas entre “tapaculos”, lavanda y las piedras que alineaba a mi antojo, cuando no las transformaba en superordenadores dibujando sobre ellas con un trocito robado de tiza.
Los narcisos floreciendo a toda velocidad en esta época me traen al recuerdo los senderos de “Tabernes” y el “Muín de abaixo”, el murmullo de los regatos que arañan en su transcurrir los prados cuestos, el verde fresco de la hierba contrastando con ese amarillo salvaje del “cuco”, que es como allí se conoce a los narcisos, los ramos de estas flores, adornados con unas ramitas de tejo que les llevaba a mis abuelas... Y todo esto a su vez, me recuerda un cuento que una de ellas me contaba sobre un lobo y una oveja. Pero eso es otra historia.
Y la luna llena de esta noche, me recuerda las tardes que empezaban a alargarse y templarse, cuando volvíamos a bajar a la calle tras el largo invierno, y jugábamos al escondite alrededor de la casa de Joselito, al futbol enfrente del taller de Gallardo, hacíamos teatros en el garage de Pedro, nos acercábamos a los colmenares en bici para echar un trago en la fuente cuando Espe no nos regalaba zumos de melocotón y le revolucionábamos las gallinas a Maruja de tanto correr para arriba y para abajo.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Coincidencias
Está demostrado empíricamente que cuando no imagino una situación, sucede, así que he decidido dejar de imaginar cada vez que vaya a salir de Mi País de las Maravillas, para que el mundo deje de decepcionarme y se limite a darme gratas sorpresas.
Se escapa el gato
“Cuando los gatos se escapan, no es porque no estén bien, es porque les falta algo, así que cuando le faltes tú, ya volverá” Dijo para tranquilizarme. No funcionó. Yo ni siquiera tenía gato…
El Espinario
Abstraída de todo lo demás sólo podía sentir el calor que llegaba hasta mis piernas. Casi medio metro de separación y aún así sentía ese calor húmedo que ascendía por la grada y me llenaba los zapatos de alas y las medias de rocío… y los ojos se me perdían por los regueros de sudor que le lamían la espalda.
Intenciones, hartura, prepotencia y claridad
Es irritante tener buena intuición para según qué temas, incluso admitiría que basta con no tener la percepción demasiado espesa para pillar según qué cosas. Así que me veo de nuevo en la misma historia mediocre de siempre, con las mismas intenciones, excusas y metodologías. No se elige entre lo que se ofrece, sino entre lo que apetece.
Nuevo Año! ;)
Bien, finalizada la época Navideña en la que suelo estar desconectada y, finalizada también la época de exámenes, vuelvo a retomar mi buena costumbre de escribir. Y por qué no, ya que para mí acaba de comenzar el año ¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!
jueves, 16 de diciembre de 2010
El nudo de tecedora
Cuando subes, se te mezcla en la garganta la confianza en la experiencia de quién te lleva y el temor por la tierra que vas pisando, cubierta de nieve. Ilusión blanca moteada de hojas recién arrojadas por el gélido viento… Una curva y el valle se aleja, otra curva, otra más… y, tras la última un suspiro y un escalofrío que te recorre de arriba abajo. Ahora la casa está vacía. No hay mondas de patata en la mega de la entrada, no huele a humo, nadie se adelanta a abrir la cancilla y te advierte que “non molles os pes”.
Abandonados todos los criterios en cuanto a moda se refiere hay que prepararse para lo que viene: Leotardos, pantalón viejo, camiseta, jersey, chaqueta, todo bien grueso; calcetín de lana, botas de agua y el mandilón estampado de cuadros; bufanda bien “enrodelada” y ese abrigo de hace ya ni se sabe.
Ese sábado se mataba en Casa da Irexa.
La lumbre de la casa vieja encendida y los anfitriones ultimando detalles. Van goteando los vecinos. Primero los hombres, ataviados sin excepción con funda azul, golpeando las manos y frotándolas se ponen al día con escuetas frases, golpes en el hombro y alguna risa. Afilan los cuchillos. Luego llegan las mujeres, se acercan al hogar y mientras se quejan del frío comienzan un diálogo más fluido acerca de las hijas y los nietos.
Casi sin darnos cuenta comienza todo. Se tensan los músculos, gimen los cuerpos, salpica la vida humeante ante el frío de la mañana y se suceden a penas sin pensar cada paso y cada rito. El agua hierve, las manos se engrasan y al final, un vaso de vino. Y llega la hora de la comida.
Cada uno se va a su casa a asearse y vuelve a mesa puesta. Un festín típico, fuerte y caliente que reconforta por dentro y devuelve la energía gastada. Y entonces podría ser 1900 o 2010 que sientes que estás viviendo algo que han vivido exactamente igual tus antepasados. Y te fijas en las manos de Tía Victorina do Torno, torcidas de los años, morenas del viento, sabias del trabajo y agradeces que te haya enseñado a hacer el nudo indesanudable de “tecedora” que tantas veces empleó cuando trabajaba la lana en los telares y te llena de orgullo que diga que “vaya bien que entreparto con lo nueviña que soy, que ya no hay juventud que faga esas cousas”.
Hoy pienso que, tal como va el mundo, quizá me toque vivir el momento en el que haya que volver a sembrar el Rebordelo, llevar a pastar a Pallarellos, apañar castañas en Fatois o muxir en el ástrago de la casa vieja, incluso puede que me llamen Tía y tenga los dedos torcidos y tenga que enseñar a hacer el nudo de tecedora.
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