
La lágrima perdida regresó
cuando logré no pensar en nada.
Vino el llanto y la sonrisa y así me sosegué...
Pero aunque la calma me inundaba,
no cesé de llorar.
Me brotaban las lágrimas
sin mesura y sin razón...
Y así, con el agua al cuello,
no pude dejar de preguntarme:
¿Qué sucederá primero?
¿Que me seque,
que reviente
o que me ahogue?
Ya no importa, por ahora,
he dejado de llover.





