miércoles, 26 de agosto de 2026

El pozo del Sol

Llegaron juntas al pozo del Sol. Un remanso del río donde nadaban algunas truchas y las libélulas y mariposas revoloteaban por todas partes.

Mientras Cirene se quitaba el vestido y las sandalias junto al borde de las rocas, Dafne extendió la toalla bajo la sombra de un aliso.

—Son los días plácidos y largos. Llenos de posibilidades —dijo Cirene.

—Se consumen como una cerilla hasta quemarte las yemas —replicó Dafne—. Se desvanecen con el mismo olor y regusto de siempre.

Cirene no se volvió. Dio un paso más hacia el borde.

—¿Y qué otra cosa podríamos hacer sin perder las formas?

—Querrás decir: sin perder los principios, los finales… sin perderlo todo —contestó Dafne mientras cortaba una hoja de helecho—. A mí no me metas en esto.

Cirene suspiró, sonrió apenas y saltó.

El agua la envolvió. Flotó panza arriba, como una nutria despreocupada, aunque ella se imaginaba ninfa de cabellos interminables.

Desde la sombra, Dafne agitó la hoja delante de la cara para quitarse las moscas.

—Esperar a esa brisa que nos acaricia, nos hiela y desaparece… —murmuró Cirene.

—Y te quema —dijo Dafne, chistando.

Cirene siguió flotando, la voz cada vez más absorta:

—Regodearnos en la morriña, el anhelo y la guerra. Escribir…

—No escribas.

—Caminar…

—¡No camines!

—Recordar…

—Eso que ves ya no son recuerdos: es un engendro que te va a consumir por dentro —replicó Dafne.

Hubo un silencio.

A Cirene le temblaba la barbilla. Apretó la mandíbula. Respiró muy hondo.

—No… ¿no ves que nos eleva? ¿No ves que nos inspira? —dijo con la mirada brillándole bajo el sol.

—¿No ves que te ciega?

—Para —dejó de flotar un instante para mirarla con ira.

—Basta —dijo Dafne, con firmeza, poniéndose de pie junto al borde y tapándose del sol con la hoja de helecho.

—Silencio —suplicó Cirene, la barbilla aún temblando—. Es esa volubilidad… Conozco lugares donde es más fácil sucumbir y dejar que vuele la imaginación. Todo un territorio que solíamos recorrer… ¿te acuerdas?… —dijo invitando con un dedo a meterse a Dafne— y que ahora tiene esos rincones nuevos que solo podemos soñar. Calles por las que jamás hemos pasado. Un callejón… un mundo. Y esas otras que ya no resuenan igual. Que se han secado.

—Me acuerdo de los fantasmas de la muchacha aquella que nunca se atrevía a salirse del sendero, que solo aprovechaba al máximo los instantes que le ponía delante el universo. Me acuerdo de la incertidumbre, de la mediocridad, de la venda en los ojos y de cómo te tragabas tus propias mentiras.—replicó Dafne.

Entonces la voz de Cirene se llenó de entusiasmo y sus ojos brillaron enajenados:

—Estabas conmigo. Notaste esa euforia que latía en todas partes. El mareo que hizo que nos tambaleáramos y nos quisiéramos quedar allí para siempre. Viste el lunar en el cuello, sobre la arteria que palpitaba, vibraba y resplandecía de sudor. Oíste la carcajada del destino, al que le gusta jugar a juegos antiguos.

Desde la sombra de nuevo, Dafne apartó un instante la hoja de helecho, con resignación:

—Menos mal que nos saqué de allí —murmuró—. Siempre igual —dijo poniendo los ojos en blanco—. Sal ya. Vamos a llegar tarde a comer.

En el agua, apenas un murmullo:

—Shhhh… Todavía no. Déjame un poco más.

lunes, 17 de agosto de 2026

Un mundo


Hay un rincón que podrías sostener entre tus manos y contiene un mundo entero.

Desamparado. A merced de cualquier sombra de animal o de un sol que decidiera secarlo todo. Y sin embargo, completo. 

Un mundo que no necesita más territorio.

Hay musgo hinchado de agua, suave y geométricamente salvaje, tan cerca de la tierra y al mismo tiempo, flotando sobre ella. 

Hay agua con gusto a sangre, fría, metálica, que deja huella en la memoria.

Gotas que tiemblan y no caen. 

Hay arándanos pequeños e intensos, que se hacen de rogar. 

Hojas diminutas de un verde hipnótico, uces púrpuras, hierbas como agujas tratando de alcanzar el sol.

En el medio, la paciencia brillante de unos tentáculos que esperan sin perseguir, bruscos y apeteciblemente dulces.

Y rendida en el centro inflamado, rojo y húmedo, una mosca que ya no lucha, que se deja consumir en una especie de felicidad quieta, que ha entendido que dejarse atrapar también es una forma de llegar.

Diluyéndose mansamente en aquella baba embriagadora.

Todo ese mundo mínimo, latente y cambiante, existe en una intimidad secreta, apenas perturbada por el breve aleteo de un mosquitero que observa concupiscente la escena, mientras desciende para beber.

Y se va.

domingo, 26 de julio de 2026

Insolación II

25-julio-2026

Se rompían las piedras a su paso y una sombra corría detrás para alcanzarla. Se revolvía la feria entre zarpazos de viento y sol, sacudiéndole recuerdos en los rizos de su pelo, y se tragaba julio mientras le resbalaba jugo de ciruela por los labios.
Soltaba los “no debo” con melancolía en las entrañas y pensó en los cuarenta y siete escalones con el anhelo más alto que el campanario de los Terciarios. Esa noche, bajo una luna casi llena y con todo el universo conspirando para que diese comienzo el verano, parecía que por convicción propia y sin orgullo ajeno, ya no sabía qué hacer.

Qué sabrás tú, Clarín, de Insolaciones...


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miércoles, 8 de abril de 2026

El hype

Creo que hoy se estila llamarle “hype”.
La Semana Santa, desde aquella de 2005 —creo que fue—, siempre promete surrealismo. Una emoción que se instala en el pecho, una cabeza demasiado mística hecha de limonadas, recuentos, reencuentros, el encuentro, la luna inmensa, los tambores y las cornetas… Y ese algo indefinible que cada año nos hace seguir diciendo: ¡Surrealismo!
Esta vez el hype fue muy fuerte.
Llegué... Como las oscuras golondrinas. Anduve todos los caminos bajo un sol espléndido, un calor que me abrazaba sobre las piedras, bajo los árboles, entre las viñas. Paseaba y paseaba, como si el movimiento me mantuviera a flote.
Y entonces, aquella mañana, justo en el río, ocurrió.
En un momento extraño de aquel paseo, metí los pies en el agua. Estaba fría. Fría que dolía. Helada, que subía por los tobillos y se convertía en calambres ardientes. Una frialdad que me explotó la cabeza, que apagó la luna, que silenció las cornetas, que me dejó colgando las manos y la mirada clavada en el sol, como se adora a Dios ante su altar. Cómo no iba a estar fría.
“Alice”, escuché.
Sonreí.
Y me fui por la calle de papel, empedrada de años.
Miri me preguntó si estaba bien.
—Claro que estoy bien —respondí—.
Simplemente era el hype.
Pero la película… la película es siempre la misma.

jueves, 26 de marzo de 2026

Quiero llegar


Hace unos años cambié el bolso por la mochila. Es más ergonómica cuando los «por si acaso» crecen y pesan: pañal, muda, biberón, el agua, las tiritas, unos palitos, los pañuelos, las llaves, una goma para el pelo, una piedrita, un cochecito de juguete, unas pinturas y una libreta, un poco de confeti, unos tampones, unos pendientes (esos que me quedan bien cuando tengo que disfrazarme de lo que haga falta), un pintalabios, una batería externa de propaganda que no sé si tiene carga y un vaso plegable. Un mundo.
A veces le cabe un bocadillo si vamos a la montaña, o una rebequita si salimos a tomar algo. Es negra y todoterreno: lo mismo combina con tacones que con playeros. Me gusta tener de todo, por si surge cualquier cosa. Mi llavero tiene además un destornillador y juraría que en la funda de las gafas de sol llevo una Allen pequeña y un clip. Me crié viendo MacGyver. Algo se me tenía que pegar.
Ah, y chicles.
El caso es que cuando llego, cuando tengo la situación encarrilada y el plan hecho, cojo las llaves en la mano y salgo sin nada más. Me voy a pasear. Subo la cuesta de Pradela entre encinas y castaños hasta el punto en que se ve la «y griega». Y espero.
Cierro los ojos y espero. Espero tranquila, porque sé que llegue lo que llegue —incluso si no llega nada—, allí estoy yo. No la hija, ni la madre, ni la pareja, ni la amiga, ni la manager, ni la sosa, ni la maja, ni la que escribe, ni la que se calla, ni la que llora, ni la que baila. Estoy yo, la que fui, la que aún está, allí, esperando.
Este verano pensé que iba a explotar el universo allí arriba. También subí a esperar.
Algún día pasará el conejo blanco. No llegará tarde; simplemente dirá «ven». Y en la madriguera caeremos hasta el infinito del universo donde todo acaba y todo comienza otra vez. Ese instante dentro del agua en el que la respiración se corta de frío y sabes que tienes que salir a respirar, pero estás flotando y se oye el mundo diferente.

martes, 2 de septiembre de 2025

El incendio

Casi siempre había un pequeño incendio. Muy pequeño. A veces solo se notaba un poco de humo en la distancia, un resplandor rojizo en el horizonte, un destello palpitante. 
Esta vez fue distinto. 
Empezó una noche extraña, de repente, no sé cómo. Todo estaba tan seco, hacía tanto bochorno, que bastó una chispa para que comenzara a arder. Olía a humo denso, de madera, de piedra hirviendo, ese olor que a veces me sobresalta en cualquier lugar y desaparece; ahora estaba por todas partes. Mirando las llamas hipnotizada, se me volvieron a meter en la cabeza y solo oía un eco extrañamente familiar, el murmullo de la gente como si lo escuchase desde dentro del agua. Me fui a dormir pensando que por la mañana todo se habría apagado, pero el incendio llamaban a mi puerta. Me alejé, subí al monte, pero desde allí, no dejaban de verse las lenguas de fuego, lejos pero inundando todo el valle de humo, el cielo naranja, el sol rabiando, el calor sofocante. Ese calor que se apoderó de todo. 
Subí aún más arriba, donde los pradairos, con su sombra y el murmullo de sus hojas esperando que calmasen aquel ansia de quemarme; donde las fuentes heladas. Cansada del camino, segura de haber vencido ese infierno, vi sobrecogida subir el incendio por la ladera, galopando impasible, enorme, agitado por el viento, dibujado de surcos que yo no conocía. Me atrapó, me quemaba, y ya no sabía cómo salir. 
Apretaba los puños y tragaba lágrimas de impotencia. 
Yo, ya no era yo. Me encontraba dentro de mí, acurrucada en un ascua, abrasándome con mil imágenes que escupían lava. Cada fosfeno, un relámpago. El incendio seguía por todas partes. 
Me fui a dormir y lo sentía rodeándome, estallando y, al despertar, una luz escarlata lo estaba envolviendo todo, el aire denso, el sol inflamado invitándome a ver cómo todo ardía, cómo la vida no era nada, cómo no importaba lo que hiciéramos. Simplemente ver el mundo arder. Y subí aquella cuesta en silencio, imaginando las llamas correr tras mis pasos. Miré desde lo alto: el valle ahogado de humo, abrasándose en un sordo y oscuro murmullo; y un estruendo silencioso lo llenó todo: me explotó el corazón. 
Puños apretados, lágrimas rodando ladera abajo. 
Me quemaba tanto que era insoportable. Entonces recordé cómo lo hacía antes: simplemente caminar, seguir el camino como si no estuviera lleno de brasas, como si no tuviera lenguas de fuego en la cabeza. Ni ríos, ni calles vacías lo apagarían, pues nada tenía sentido, salvo el calor que sentía. Solo esperar porque, tarde o temprano, me iría de allí. 
Y antes de irme, al volverme hacia el incendio, le diría hasta la próxima. 
Y allí dejé mis entrañas quemándose. 
Sé que cada día se apagarán un poco. 
Sé que nunca dejarán de arder.



lunes, 30 de diciembre de 2019

El alquiler del prao da Fonte


Mi abuela Argen tenía un prao pequeño al lado de la fuente del pueblo. Amelia da Fonte, una vecina, le alquilaba el prao porque estaba al lado de su casa y le iba muy bien para coger la hierba para las vacas. El alquiler anual era simbólico, no creo que fueran ni 2€.
Cuando la abuela falleció, ese prao le tocó a mí padre, así que Amelia vino a casa a preguntarnos cuánto le íbamos a cobrar. Mi padre le dijo que el prao iba a ser mío, así que negociamos entre las dos. 
Le dije que me pagar con una botella de leche de verdad cuando pasara las vacaciones en el pueblo. 
Este verano pasado no tenía vacas con ternero así que "no me pudo pagar". Esta mañana llegó a casa con el alquiler y los atrasos...
No sabéis lo que vale ese alquiler... Ese alquiler es una máquina del tiempo al ástrago de la casa vieja, con mi abuela y los terneros y el vaso de plástico rojo lleno de leche recién muxida.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Cómo descansar en el bosque

Sales del sendero, te metes en el bosque agachándote para pasar bajo las ramas, cual animalejo. Cuando te rodee completamente el monte, te sientas, te callas, respiras, esperas...

La diminuta araña que pendía del hilo que se enganchó a la manga de tu chaqueta, recorre tus nudillos dejando un cosquilleo en ellos y salta al vacío, rapelando hasta la bota y desaparece.

Un hormiga la saluda y te mira, mira tu bota, está sopesando si será mejor cruzar sobre ella o rodearla. Detrás viene otra con un trozo de hierba seca que se le atora en una raíz y está un rato dándole meneos hasta sacarla. La de la bota decide cruzar por encima pero, a medio camino, da la vuelta y vuelva a bajar y sube y baja y rodea otro rato. No es una decisión sencilla por lo visto.

De fondo hay conversaciones pajariles.  ¿Algún día aprenderé a distinguir un carbonero de un pinzón? ¿A saber qué tengo que buscar con los ojos, según lo que oiga cantar? Entonces cruje una hoja.

Las hojas pueden crujir por muchas cosas y bailar escandalosamente así que nunca sabes exactamente si ha pasado corriendo una musaraña o una ráfaga de brisa te ha tomado el pelo.

Entonces cae una piña y miras hacia arriba con la ilusión de ver una ardilla. Y a veces la ves. 

Has estado media hora quizá, tienes las manos frías, el culo dolorido, te levantas torpe y haciendo más ruido que el camión de la basura ¡Cuánto ruido hacemos! Te apoyas en un tronco lleno de liquen y musgo, qué suave y especial es el musgo... 

Regresas al sendero.


martes, 8 de abril de 2014

Destino obligado: Villafranca del Bierzo

Nota: Os he puesto un montón de enlaces para que no dudéis en informaros y profundizar en las actividades que os resulten interesantes.

Villafranca del Bierzo fue considerada el 2011 como uno de los 7 destinos más populares de España para disfrutar la Semana Santa, destinos que correspondían con distintos intereses-categorías: PLAYA, RELIGIOSO, RURAL, DEPORTIVO, ENOLÓGICO, URBANO e HISTÓRICO/CULTURAL, así a La Villa le correspondía “Destino rural”.



Yo discrepo y mucho con esta categorización.

Efectivamente somos un destino RURAL y el artículo se queda cortísimo para todo lo que tiene que ofrecer Villafranca del Bierzo y su entorno pero, ¿qué hay de las demás categorías? ¡Villafranca es el macho alfa de los destinos! La Villa es reina y campeona absoluta en todas las categorías, el destino perfecto* para cualquiera que pretenda disfrutar estos días de vacaciones dentro de la península y os voy a explicar por qué.

Destino de Playa: Si bien es cierto que Villafranca delBierzo no es un pueblo costero, playa, lo que se dice playa… tener tiene. Una preciosa playa fluvial que en verano alberga el festival internacional de músicas del mundo, el Fiestizaje y que en esta época del año deja transcurrir las aguas de sus dos ríos, el Burbia y el Valcarce, de forma natural y salvaje permitiéndonos disfrutar de paisajes primaverales, de descensos en kayak y de la pesca sin muerte de la trucha. Además es un punto estratégico que nos permite ir a pasar el día a multitud de playas gallegas que se encuentran a menos de dos horas de viaje por carretera y entre cuyas opciones cabe destacar la playa de Las Catedrales en la provincia de Lugo.



Destino enológico: Es indiscutible que los vinos del Bierzo están alcanzando al fin el  reconocimiento internacional que tanto merecen. Recientemente galardonaban a Raúl Pérez en los Wine Awards 2014 y los vinos de Villafranca no podían ser menos, con la cosecha "Pétalos 2011" valorada con un 92/100 de Parker Wine Advocate . Además en la Villa se realizan eventos singulares en torno al vino como es el Evento Sarmiento , con lo que podría considerarse a Villafranca un enclave privilegiado para disfrutar de la enología. Pero en Semana Santa vamos más allá y ofrecemos en nuestros bares una atípica LIMONADA  que de limón sólo lleva el aroma, pues es una bebida a base de vino y azúcar de la que ya os he hablado cada año por estas fechas bajo el polémico nombre de Matar Judíos  y que podéis degustar en una macrorronda que se celebra el Jueves Santo.



Destino religioso: Sin duda en Villafranca  del Bierzo se puede disfrutar de multitud de actos religiosos y procesiones bellísimas, con tallas de principios del S.XVI, si la lluvia lo permite y si no, se procesiona dentro de la iglesia donde tradicionalmente tenemos el honor de disfrutar del compositor Cristobal Halffter al órgano.
Nuestra oferta cultural se adapta a todos los gustos y creencias así que también incluye procesiones paganas (aunque no propias de la Villa): La primera y más reconocida se realiza el Jueves Santo en León capital, es la procesión de "San Genarín" que se hace en honor a un mítico personaje aficionado a los vicios de la uva y la carne. La segunda procesión, esta vez mucho más cerca pues está a unos 15 minutos, la realiza el Viernes Santo la Cofradía de la Santa Poya  entre las localidades de Quintela y Balboa, no tiene desperdicio.



Destino histórico-cultural: Por favor, ¡con el PATRIMONIO que tenemos!: aljibes del S.II, artesonado mudéjar del S.XV, un total de nueve iglesias-conventos que tocan románico, gótico, barroco... Y El Castillo, el Palacio de Torquemada, la colección de pintura flamenca de La Anunciada, La Puerta del Perdón, La Calle del Agua, el Viaducto Romano, Museo de Ciencias Naturales, el Teatro… No hay más que subir al mirador de Los Tejedores para obtener una panorámica monumental como pocas en este país, enmarcada de naturaleza y arrullada con el murmullo de los ríos. Un placer para los cinco sentidos.



Destino deportivo: Si os digo que jugamos a la rana, a la llave y a la petanca igual os da la risa; que jugamos al fútbol, fútbol sala, baloncesto... diréis que eso se hace en todas partes. Pero es que en La Villa puedes participar en marchas cicloturistas , hacer la Dragoman , o cualquier ruta de La Mirada Circular , ir a esquiar al Morredero (si la nieve lo permite) y por supuesto realizar una de las etapas más bellas y la única del Camino de Santiago en la que puedes obtener el Jubileo  sin llegar a Santiago de Compostela.
Además de los ya mencionados  descensos en kayak, piragua y la pesca, hay que añadir una larga lista de actividades para todos los gustos que van desde el tiro al plato a los karts, quads, buggies, campeonatos de automodelismo, de rallye, trial, BTT y todo tipo de actividades en la naturaleza para cualquier nivel de preparación y público, como los paseos a caballo, trekking , senderismo, ascensiones, barranquismo, tirolina, parapente y un largo etcétera. Valentí Sanjuan lo sabe y os lo cuenta :




No sé si se habrá notado mucho que solo tengo palabras bonitas para mi pueblo y para toda la comarca. Estamos pasando una etapa muy dura económicamente hablando, El Bierzo está parado… pero está parado en un jardín del edén y he querido desde este rincón mío fomentar un poco el turismo, no solo porque le venga bien al entorno, sino porque merece la pena de verdad que conozcáis esta tierra tan estupenda.

Nos vemos a la vuelta de Semana Santa con la crónica habitual.




Disfrutad y si disfrutáis de El Bierzo mucho mejor.


(*) Perfecto: excepto si buscas temperaturas superiores a los 22ºC y solazo imperturbable porque, no es seguro, pero es probable que un poquitín llueva :)

viernes, 10 de enero de 2014

Cántame José


Lo mejor de hacerse mayor es que realmente aprecias las cosas que te cuentan los más mayores aún.
En este caso las que te recitan y te cantan.
El señor José, aunque se hizo un poco el duro, acabó acercándose a la grabadora del móvil para que quede constancia para siempre de estas perlas que de otro modo se perderían en la memoria de otros tiempos.

La poesía que usaba para ligar:

De noche sueño siempre contigo
y cuando despierto, triste lloro,
de pena feliz de amor.
Creo morir.
Los celos de perderte son grandes.


Y el vals de la vieja hambrienta, Sete cuncas:

Unha vella, sete cuncas de papas de millo comeu.
E comeu e comeu e comeu e recuncou.
Fixo coma un foguete no aire:
¡Chispou! ¡estoupou!

Traducida sería algo así:
Una vieja, siete cuencos de papas de maíz comió.
Y comió y comió y comió y repitió.
Hizo como un cohete (fuego artificial) en el aire:
¡Chispeó! ¡Explotó!

Pues aquí quedan para la posteridad, para que os las aprendáis y las cantéis cuando queráis.

Por descontado, el post va dedicado a José y a los que compartimos con él el trabajo y los buenos momentos de esos días, pero también para todos los "Josés" que cantan cantares y coplas, para que no se vayan cuando se vayan ellos.

Regalo de Navidad


Oh, la Navidad, tiempo de amor, paz y protectores estomacales. De comer con champán, matar cerdos y desayunar turrón porque sólo compraste dos pero te han regalado 14 así que habrá turrón por casa hasta Semana Santa. Tiempo de frío, juntanzas y regalos.

Como viene sucediendo los últimos años, en Nochebuena subimos a Cante, Cantejeira para los foráneos, Canteixeira para los oriundos.

Imaginaos una casa rectangular con una cocina de leña en el extremo izquierdo, una chimenea en el derecho y por el medio un pasillo templado por el que se accede a las habitaciones a temperatura gélido invierno.

Pues bien, tras una noche de mucho comer y beber, cuando logramos acostar a los niños y ya no se podía alargar más la sobremesa, nos fuimos cada uno a su habitación. Pertrechados con pijamas de franela, calcetines por fuera del pantalón, manta eléctrica y cobertores de lana, cada uno se hizo su nidito y se fue a dormir esperando despertarse con los gritos mañaneros de los niños abriendo regalos.

Quiso la ruralidad del momento que mi habitación no tuviese enchufes y la alargadera, que venía de la cocina, estuviese ocupada por la manta eléctrica, así que el móvil se fue a dormir al igual que yo. Como no uso reloj y el móvil seguía durmiendo me desperté sin saber qué hora era. No se oían niños, así que debía ser demasiado temprano aun… Quería quedarme en la cama, pero el champán de la noche me empujaba a lo contrario. Recordé que en esa habitación solía haber un orinal, pero finalmente opté por levantarme. Con el ojo medio pegado me dio la sensación de que había mucha claridad entrando por las rendijas. Junto al árbol del comedor, un montón de juguetes esperando y los niños aún dormidos como cestos. Entré al baño, me senté en la congelada taza y abrí una contra. Tardé unos segundos en darme cuenta pero allí estaba, regalazo de navidad: Una estupenda nevada sorpresa que lo cubría todo.

Cogí la cámara, me puse el abrigo de mi tío, las galochas de la abuela y salí sigilosamente a capturar el momento.

Esa mañana desayunamos todos con un sabor de boca especial, porque era probablemente la última vez que lo haríamos en esa misma cocina y con esas mismas vistas.

Mi regalo de Navidad fue una maravilla y aquí lo comparto con vosotros.















miércoles, 6 de noviembre de 2013

Buenas noches días


A media noche, justo cuando estaba a punto de quedarme dormida, me di cuenta de que estaba amaneciendo. Abrí los ojos y te vi junto a la ventana contemplando cómo salía el sol. Yo tenía una luna diminuta apenas comenzando a crecer en un cielo como la pez y tú me enseñabas un sol espléndido dorando el río de las perlas.

Mi día a penas terminaba y el tuyo ya comenzaba de nuevo, como si quisieras hacer que el mundo girase más deprisa para que llegase antes el amanecer para mí, para que me llegase el sol de una vez y me tocara despertar…

Buenas noches días. Buenas tardes noches.


lunes, 29 de julio de 2013

Hay que ser valientes



Últimamente no he tenido tiempo ni para morderme las uñas, como quien dice. Demasiadas cosas que hacer, demasiadas cosas en la cabeza y demasiadas cosas sucediendo a mi alrededor como para prestar atención a todo. Ayer por fin tuve un momento para pensar. El verano para mi comienza con incertidumbre, planes y retos que afrontar, pero mirando un poco alrededor, este año muchas cosas han sucedido y están sucediendo. Diría que es un año transcendental, de esos de dar un paso adelante y crecer. De ser valientes.

La semana pasada vino al mundo Naroa, la primera hija de una amiga, en unos meses llegará una “palleiriña” también y eso te hace pensar mucho. Ya no somos niñas que jugamos con muñecas, aunque a veces aún veamos eso más cerca que el llevar a los retoños a la guardería… Dicen que la adolescencia es dura, pero yo creo que el acercarse a la treintena es una etapa más complicada a nivel mental. Supongo que es cuando de verdad tienes que ser ya una persona adulta y no se te permiten tantas licencias de juventud.

Por otro lado, el golpe que han sufrido los gallegos con el accidente de tren también hace reflexionar a uno sobre cómo la vida se puede escurrir en un instante y todos los planes a corto o largo plazo se esfuman y con ellos viene la tristeza en el alma de los que se quedan. Escribía esto al respecto hace dos días:

“Gente como cualquiera, como yo cuando cojo el bus para ir a mi casa, después de un año duro, vas a casa por vacaciones o aprovechas el puente para ver a los tuyos, y no vas por carretera, vas en tren o en bus, ¡que nunca pasa nada! y encima estás llegando a la estación, te levantas ya a por la maleta, porque tienes ganas de salir el primero y ver a quien te ha ido a buscar y tienes cincuenta planes para ese fin de semana, o para esas vacaciones y estás feliz porque vas a pasar unos días con los tuyos, lejos de la universidad, o del curro, o de una ciudad que no huele a naturaleza... y de pronto estás muerto. Y se acabó todo.”

Pues antes de que se acabe todo, ¡habrá que empezar todos los planes que se puedan! Y vivir un verano especial, para empezar una nueva etapa maravillosa.



Feliz verano a todos e una lágrimiña de lembranza e una aperta agarimosa a todos os galegos.


jueves, 13 de junio de 2013

Conflicto filosófico: ¿Y tú qué opinas?

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión”.
Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.



Las impresiones se generan de repente, puede que de forma subjetiva y, cuando estas impresiones son negativas o de reprobación y se comparten, se dice que son prejuicios, críticas en el mal sentido, desprecios y que no se tiene derecho a dar esa opinión sin fundamentos, mal informada o quizá preconcebida, porque es una falta de respeto, de educación, de objetividad (evidentemente si es subjetiva difícilmente va a ser objetiva) y denota falta de inteligencia social. O al menos eso es lo que me han dicho.

Yo pienso que, más que lo que se diga u opine, debería tenerse en cuenta la actitud e inquietud al respecto.

Una impresión al respecto de una acción, actitud, sujeto u objeto, sea cual fuere, cuando decide ser compartida, no como un juicio tajante, sino como una oportunidad de debate y aprendizaje, no debe ser desestimada y mucho menos se debe negar legitimidad de expresión a la persona que comparte su pensamiento pues, si bien su percepción de un asunto pudiera estar errada o tener un enfoque negativo, está en manos del interlocutor proporcionar un contrapunto y mantener así un diálogo constructivo, ya que por algún motivo se le habrá confiado esa opinión.

Se dice que si no se tiene nada bueno que decir es mejor callarse. Y que es mejor no hablar de lo que no se sabe. Hablar por hablar nunca es bueno… Que hay que informarse antes de emitir juicios. En mi opinión, si es que se me permite tener una, estos son buenos consejos cuando uno se enfrenta a juicios absolutos que no atienden a razonamientos, cuando se hiere conscientemente o con saña la sensibilidad de alguien o se le tacha de algo sin fundamentos o a sus espaldas, cuando uno no se baja de la burra a pesar de que se le demuestre su error. Si no, me parece que sólo es un pobre argumento para cerrar bocas que dicen cosas que no nos gustan o reprobar actitudes que nos desagradan en un momento concreto.

Pero permitidme que las cosas me den impresiones y sensaciones y las perciba como me nazca, permitidme que me guste o me disguste algo solo porque sí, dejadme decir lo que pienso del calor cuando estoy harta de sudar, aunque luego en invierno piense lo contrario.

He aprendido algunas cosas últimamente. Sobre todo que las cosas negativas a nadie le gusta oírlas, sobre todo cuando son sobre sus seres queridos, cuando la otra persona tiene entre manos una labor más importante que la conversación, cuando está nerviosa, alterada, hambrienta o somnolienta, cuando no coincide con su punto de vista o cuando le da más importancia a la forma que al fondo.

Pero sobre todo, he aprendido que mi opinión puede cambiar pero que, sea cual sea y por el motivo que sea, no es irrelevante, despreciable ni carente de valor, ni ella ni mi persona. Que tengo todo el derecho a dar mi opinión. Sólo debo discernir mejor cómo y con quién compartirla. Y sobre eso no pienso cambiar de parecer.


lunes, 6 de mayo de 2013

Tu i jo volavem, pasiño a pasiño.




No es lo mismo amar que querer.

No es lo mismo tener algo que saber que lo tienes, aunque no esté.

No es lo mismo, por mucho que se empeñen los anglosajones, el estar y el ser.

Porque no es lo mismo estar guapo que serlo.

No es lo mismo estar atento que serlo.

No es lo mismo estar feliz que serlo.

Y precisamente ahí, en la felicidad, de la que se ha dicho que no es meta sino camino, es donde más soy, aunque no esté siempre.

Ser feliz es cuando, a pesar de las dificultades, las trabas, las ausencias, las carencias y los impedimentos, basta con un recuerdo, un pensamiento o un deseo para sonreír y saber que eres feliz.


domingo, 7 de abril de 2013

Semana Santa'13: Agua para todos

Foto de J.Lamas: Garelo da Fervencia (marzo'13, Canteixeira)

Viernes antes: En un visto y no visto, dormida como un Lechoncito, pasé del sol a ratos a la lluvia finita y constante de toda la vida, así se hace más fácil saber que está uno en casa.

Sábado antes: Abrir la ventana y que huela a carbón, subir a por olivo y que huela a laurel, ver crecer el río y las cañaveiras, cenar hasta no poder más y probar las primeras limonadas en la mejor compañía.

Domingo de Ramos: No podía faltar la misa eterna con su recaudación para la calefacción de cada año. Como novedad subimos a ver como las aguas dieron un zarpazo a la "Caborca da Osa" y transformaron al Garelo en las Cataratas da Fervencia.

Lunes santo: Chapotear cual niñas, disfrazarnos, dormir la siesta, contar cuentos, pintarnos los labios de rojo chupachups... qué importan 23 años de diferencia cuando somos "Reinas del otro Lao"

Martes santo: Con la llovizna incesante tocó ejercer de ama de casa, repostera y ahijada sobre ruedas. Cada día se confirma que mis manías colocando la compra son heredadas y hay que celebrarlo como si España le hubiera ganado a Francia.

Miércoles santo: No hay nada mejor para sentirse... adulta... que hacer de niñera y acudir al teatro a ver a prepúberes danzando, vigilados por caras conocidas con alguna cana de más. Faltaron una ceja levantada y se cayó una lágrima por un chirimbolo de bádminton que levantó el vuelo para siempre, para bailar sevillanas y hacernos correr y cuidarnos arriba como nos cuidaba abajo.

Jueves santo: Los limpiaparabrisas asombrados, un nudo en el estómago, unos enamorados en el parque, café con mamá, cincuenta álbumes de fotos y una habitación con vista al río Burbia. Grifos, botelo, androlla, chorizos, cachelos, tiramisú, limonadas, buscar piedras, una siesta, más limonadas, encuentros, reencuentros, unas limonadas más, mucho trabajo, surrealismos que no podían faltar y a pelear con un amanecer tormentoso para acabar acurrucada al fin.

Viernes santo: Amaneció a medio día, me comí sola el pulpo y el marrón, pero mereció la pena. Lavamos las camisas a mano porque las mojamos de nomeacuerdos. La noche se llenó de mininazarenas, encuentros eclesiásticos con música de fondo, mucho sueño y papitos zen rockeros entre chupitos de chocolate y típicas fotos de viernes.

Sábado santo: Firmar la paz con cordero y torrijas. Visitar las goteras de San Francisco y hacer una buena ronda pasada por agua, con buena música, historias de osos, regalitos y final apoteósico cutre ochentero en un escenario de película que, de no haber existido hace muchos años atrás, puede que ni yo hubiese nacido.

Domingo de resurrección: El sol da una tregua para ver la única procesión, debatir sobre cómo educar a los niños en la misma mesa donde nos comimos la croqueta aquella del verano, ver búfalos, avutardas, cernícalos y buitres negros, comernos un panecillo, decir adiós y regresar a casa triste bajo un cielo amenazante de diluvio. Y llovió... y ya no paró.

Lunes de Pascua: Un día gris, esperando a que se acabase, llenando maletas de recuerdos surrealistas como cada año, se hace corto, se hace doloroso, se hace indispensable. Y la presa arrastra un tronco que se detiene en el banzao, revientan las fuentes y se inundan los campos de Castilla cuando nos ven marchar.

Chapotear en los charcos


Y aquellas palabras acostumbradas a quemar, de pronto, se derriten entre los dedos templados del tiempo _¡Manos arriba! Asalto a las seis..._ se escurren por las muñecas de cuero, resbalan como el último trago de la enésima copa y acaban en un charco salado en el suelo.

Ni piedras, ni cuestas, ni escaleras, ni relojes, ni llaves...

Las quemaduras del hielo son difíciles de curar, pero finalmente lo hacen. Marchando sola, soportando la tormenta y volviéndose a marchar... allí donde mejor se está: hecha un ovillo de lágrimas de miedo y felicidad.

jueves, 7 de marzo de 2013

Volver....

Olivia Ruiz ha vuelto con un nuevo disco "Le calme et la tempête" (La calma y la tempestad), lanzado el 27 de enero de este 2013.
Son 15 canciones mayoritariamente en francés, aunque se le escapa el español en "Volver" y "La llorona", canción en la que colaboran Didier y Anthony Blanc, su padre y hermano respectivamente.
También se cuela el inglés en "Ironic Rainbow" y "Crazy Christmas".
El primer single es "My Lomo and me" que no, no es en inglés, pero yo he preferido traduciros... VOLVER



LETRA:

Cette nuit je sors pour te sourire
cette nuit j'ai empaqueté ma joie pour te l'offrir
J'arrache le ciel pour que tu me vois
Je grimpe sur une échelle
Allez! Attrape donc mes doigts.

Je sais que tu es coincé là
Je me blottie dans les nuages
Comme si j'étais dans tes bras

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

J'avance pour que tu sois fier de moi
J'avance je n'ai plus peur quand tu n'es pas là
Je rêves que tu sais comme je me bats
Je rêve que tu es heureux quand tu penses à moi
Je sens que tu me suis pas à pas
Je sens que tu m'entends que tu me vois

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

Cette nuit je souris pour toi et les anges
Cette nuit la lune brille, comme c'est étrange



Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo


TRADUCCIÓN  (de andar por casa):

Esta noche salgo para sonreírte
Esta noche he empaquetado mi alegría para ofrecértela
Rompo el cielo para que me veas
Me subo en una escalera
Vamos! Píllame pues por los dedos

Sé que estás atrapado allí
Me acurruqué en las nubes
Como si estuviera en tus brazos

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

Avanzo para que estés orgulloso de mí
Avanzo, ya no tengo miedo cuando no estás ahí
Sueño que sabes cómo lucho
Sueño que eres feliz cuando piensa en mí
Siento que me sigues paso a paso
Siento que me entiendes, que me ves

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo

Esta noche sonrío para ti y los ángeles
Esta noche la luna brilla, qué curioso

Volver, volver, quiero volver
Volver, quiero volver contigo
Quiero volar contigo


viernes, 11 de enero de 2013

De Musas y Cenas



Estoy tremendamente molesta con mi musa.

He estado releyendo papeles antiguos y relatos que nunca llegué a publicar y son una gozada. Llenos de locura, amargura, desesperación y pena. Eran, de esos que me salen con “una prosa poética que mola un montón” —como diría Kiram. Y son relatos sin metáforas, de los que se entienden bien, de los que me salían como churros. Vamos, que a mi me gustan.

Pero claro, la dichosa musa, cuando una está pletórica, tranquila, esperanzada y feliz, se toma vacaciones y me deja sola frente a una hoja en blanco.

Así que he decidido coger uno de esos relatos y enseñároslo, porque aunque el orden de los acontecimientos cambiase, fuesen vieiras en vez de lubina, no hubiese corbatas ni velas o, en vez de cristales rotos hubiese peleas con descorchadores y lo más importante, fuéramos cuatro, al final las cosas que desde la tristeza imaginas que te harían feliz, a veces se cumplen y aunque no me salga igual de bonito contarlas, la sensación de vivirlas es mucho mejor.





Cena para nadie 


Hay una casa perdida, rodeada de viento y hojas que aún se soportan a duras penas en las ramas, pájaros grises que se encaraman a las ya desnudas, silencio roto por la lluvia suave que esponja la hierba y un fuego crepitando.

Con los ojos cerrados se oye un latido encerrado en una cajita, bajo siete llaves y en la cocina el horno empieza a calentarse. El cuchillo más afilado hace que las lágrimas de cebolla se escurran hasta la tabla... y el corcho de una botella de vino estalla irremediablemente de euforia, tiembla la bandeja mientras se adentra en el horno y ya solo queda esperar....

El minutero acompaña el ritmo del perfume en las muñecas, se tensa con el nylon de las medias y se acompasa con los paseos ansiosos en tacones. Las copas, los cubiertos...

Suena el reloj del horno, la botella de vino rueda por el suelo y se detiene en los tacones que yacen junto a las medias y el vestido, la bandeja ya se había deslizado entre sus manos y los cristales rotos salpicaban la habitación.

La ducha helada no era capaz de calmar tanta locura, lo había visto allí, con ella, en la cocina, salpimentando la lubina, colocando las servilletas, apretándose la corbata, riéndose con una copa de vino en la mano, encendiendo una vela.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Señores de andar por casa: (IV) Una tarde de fútbol




Anselmo apenas necesitó un poco de apoyo por parte de Salvador para decidirse a contratar TV por cable, un pack deportivo concretamente, con el que aseguraba varias ligas de distintos continentes y muchas otras competiciones de su agrado. Básicamente fútbol, mucho fútbol y un poco más de fútbol. La escena transcurría tal que así:

— ¡Salvador! —Gritaba Anselmo—. ¡Va a empezar!

—Sí, sí, ya bajo —decía Salvador con la cabeza dentro de la nevera—. Voy a coger un vinito, ¿llevo algo más?

—He hecho tortilla de patata.

—Estupendo. Pues voy a hacer una ensalada también.

Se sentaban en el sofá, cada uno con su bandeja en el regazo y comenzaba un murmullo futbolístico ininteligible hasta que finalizaba el partido, se daban las buenas noches y cada uno volvía a sus quehaceres.

Un día de derbi la cosa se animó bastante. Salvador fue a buscar a su hijo Federico, yo me uní a ellos y también Marla, la hija de Anselmo y su novio Marcos; así que la tortilla de patata se duplicó, la ensalada también, hicimos palomitas, patatas fritas, hojaldres salados calientes, aceitunas, vino, cerveza, refrescos y nos sentamos todos “en familia” a ver cómo ciento y pico millones de euros en pantalón corto, jugaban a quitarse una pelotita (qué visión tan femenina, eh). Y ahí salieron las personalidades de cada uno casi sin darnos cuenta.

Marla, que estaba con cara larga desde el principio, a los 15 minutos se sirvió un poco de todo y dijo:

—Paso. Me voy a la cocina —Marcos la miró con cara de corderito degollado—. Tú haz lo que quieras.

Marcos se quedó en el sofá, comió una patata y empezó a mover el pie a gran velocidad. Tardó diez minutos en levantarse e ir a la cocina a la voz de “¿Estás enfadada, cariño?”. No se les volvió a ver el resto de la velada.

Anselmo es un jugador frustrado, tras su lesión de juventud quedó apartado del terreno de juego, así que hacía de comentarista resabiado y nunca le gustaba cómo jugaban los contrincantes: que si suben, que si bajan, que si no se abren, que si no se cierran, las bandas, el medio campo, que si tanto toque le aburre y su frase estrella:

—Yo no digo que lo dejen impedido, como me pasó a mí, pero un valiente que le haga una falta buena que lo deje seis mesecitos en su casa, al enano cabrón este, pelotudo ¡pero arréenle de una vez!

Salvador en cambio era un autocrítico de su equipo: Este jugador está poco motivado esta temporada, este otro no está certero, este no está a lo que tiene que estar, este arrastra una lesión, este está quemado, a este no lo valoran lo suficiente, a este lo valoran demasiado. Y su frase estrella:

—Voy a tener que volver al cuarto de baño para que marquemos otro gol ¡parece que están esperando a que yo me levante!

Federico, el hijo de Salvador, era bastante reservado. No despegó los ojos del televisor y se limitaba a emitir gruñidos (quizá porque siempre tenía la boca llena), quejidos y demás onomatopeyas: ¡Uy!, sísisisisiss, nononono, aaarrrrggg, brrrrr, pfffff, eeeeeh, ooooooh, vamos, ahí, goooool.

Yo, por mi parte, me dediqué todo el partido a tomar prestadas frases de mis compañeros de sofá y transcribirlas como propias en un debate whatsappero con el corresponsal del equipo contrario, que estaba en el campo. Al final ganamos los dos las apuestas: hubo empate.

….Y a la mañana siguiente le tocó fregar a Marla.